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AS - Asian Selection
ENTRE LA EXPANSIÓN Y LA REVOLUCIÓN
Vivimos momentos de crisis, y no solo económica, sino de implantación del tejido global, confirmación de los países emergentes y desplazamiento de centros de poder y decisión. En todo ello, Asia está desempeñando un papel determinante que, como es lógico, se refleja en su cine, disciplina artística que en la última década ha vivido un ya reconocido big bang, con una considerable expansión industrial y artística por todo el globo. Hoy el cine asiático ha dejado no solo ya de ser exótico, sino novedad, instalándose en la normalidad del circuito de festivales internacionales e incluso (no en el caso de nuestro país) en el entramado de la distribución en salas comerciales. Pero el cine asiático, desde el japonés hasta el últimamente revolucionario cine filipino, es un producto delicado, que exige una especial atención, tanto en la difusión a través de voces críticas que mejoren su percepción y compresión por el consumidor final, así como por la acción de foros de exhibición, debate y revisión que hagan posible un amplio conocimiento del fenómeno. De ahí que la existencia de certámenes especializados como el BAFF se convierta hoy en día en herramienta de trabajo indispensable para la subsistencia e impacto del cine procedente del continente asiático, tanto como lo fue el indicado big bang para su descubrimiento. Y es que ante una producción tremendamente fértil a la que se van uniendo o regenerando en tiempo récord cinematografías de gran interés, los filtros especializados y la programación de contenidos que eviten la dispersión inútil son cada vez más necesarios.
Pero además estamos en los inicios de una nueva ola asiática, a consecuencia de las nuevas alianzas industriales en el campo audiovisual (Hong Kong/China continental, Japón/Corea, por poner algún ejemplo) generada por los propios autores consagrados ahora involucrados en labor de producción y de descubrimiento de nuevos talentos que dan una dimensión diferente al cine asiático en su conjunto. Este año, el BAFF recoge todo ello a través de su Sección Oficial, rica en nuevos contenidos y visiones, pero también a través de la llamada Asian Selection, donde se da cabida a productos indispensables para la valoración del curso cinematográfico y cuya importancia implica el subrayarlos más allá de su presencia precedente en otros festivales del estado de carácter más general. Así, la importancia de Mother, de Bong Joon-ho (ganadora del Asian Film Award a la mejor película este año) prueba la versatilidad multigenérica de su director, combinando con talento el cine negro, el melodrama y el retrato costumbrista, todo ello con un toque de expresionismo puramente coreano. El fenómeno de la expansión de los estilemas que ha impuesto cierto cine asiático es un hecho en Vengeance, de Johnnie To, coproducida por Francia como no podía ser menos, para rendir un homenaje sin tapujos al polar francés en su expresión más pura, tanto como el acertado y castigado rostro de Johhny Hallyday, que protagoniza este thriller del director de Breaking News. En una línea muy diferente, pero igualmente brillante, Tsai Ming-liang hermana los mundos estéticos de Oriente y Occidente en su monumental Visage, bajo el mecenazgo visual del propio Museo del Louvre y un toque de su particular sentido de la provocación. Pero el sentido cultural del desplazamiento y el mestizaje cultural no solo lo proporcionan en el BAFF este año los autores consagrados, sino nuevas voces como la de Jung Sung-il, creando un espejo cromático y cultural con Goethe y Dostoevski en Café Noir, una de las grandes sorpresas de la temporada.
Pero hay más sorpresas, más pruebas de ese probable tsunami de talento que se aproxima a gran velocidad desde Asia, renovando formalismos y temáticas. La India continúa demostrando cada vez más que no solo la vía Bollywood cuenta en su cine, como nos propone Road, Movie, de Dev Benegal, un recorrido mítico y sensorial por la India de ayer, hoy, mañana y siempre, desde una perspectiva auténtica y alejada de frivolidad o acercamientos coyunturales nocivos como el de Slumdog Millonaire. También Riri Riza y su The Dreamer intentan decirnos que otro cine de Indonesia es posible, aunque la cinematografía que parece decidida a reiventarse utilizando de base elementos de éxito probados es, sin duda, la coreana. Así, Running Turtle, de Lee Yeon-woo, es el thriller sorpresa del año, dejando de lado derivaciones de otros grandes éxitos y conquistando al público desde una inteligente combinación de comedia y acción sin respiro. En The Actresses, E J-Yong investiga el peculiar universo de la profesión de intérprete construyendo un docudrama que revoluciona el panorama de la no ficción irregular en el universo coreano y permite una de las primeras reflexiones internas de esta cinematografía sobre su propia industria y representantes. En Japón siguen aferrados a la tradición más dramática y costumbrista con Dear Doctor (el Departures de este año), aunque otra sombra parece imponerse, como el cine otaku, irreverente y reconstructivo puesto de moda por Dainiponjin o Symbol (ambas de Hitoshi Matsumoto). Esta vía nos viene en el BAFF este año de la mano de Itao Itsuji y su sorprendente comedia escapista The King of Jailbreakers, o el universo demencial nipón elevado a la máxima potencia.
Asia se manifiesta de nuevo como un huracán cultural irresistible, imprescindible y de vocación global, un torbellino de ideas que en el campo audiovisual sigue encontrando, a pesar de la famosa crisis económico-estructural y de ideas que nos afecta, foros como el BAFF que permiten disfrutar, aunque solo sea por unos días, del clima lúcido y fértil de un islote de creatividad en medio de las mil y una miserias cotidianas que padecemos. Permitámonos pues, disfrutar un poco y, de paso, renovarnos mediante la eliminación de tanto material caduco y poco reciclable.
Angel Sala
Director del Festival Internacional
de Cinema Fantàstic de Catalunya