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Especial: Hong Kong
En una escena inolvidable de The Mission, el grupo de asesinos a sueldo que ocupa el centro de la trama aparece varado en un tiempo muerto. De repente, una pelota de papel rompe el estatismo: los personajes comienzan a pasarse el improvisado balón en un espontánea coreografía cotidiana que conjura el fantasma del tedio. Es el tipo de escena que nunca veríamos en un thriller americano: también es un momento que algunos manuales de guión aconsejarían desechar. No hace avanzar la trama, no sirve, esencialmente, para nada, pero acaba diciendo mucho y, en cierto sentido, condensa la esencia del estilo To (de Johnnie To) y, por extensión, aporta una pista sobre la extraña fascinación que el cine de género facturado en Hong Kong ha ejercido en los últimos años sobre el cinéfilo (o cinéfago) fatigado de fórmulas y lugares comunes. Esa escena de The Mission abre una puerta insólita, que permite acceder a algo que podría llamarse la incomunicable melancolía del arquetipo, o su abismática soledad entre escena de acción y escena de acción.
Hay otra fórmula rápida para entender ese no-sé-qué que distingue al cine facturado en esa tierra de tránsito que ha iniciado una relevante cuenta atrás –oportunamente poetizada por el Wong Klar Wai de 2046-: basta comparar la distancia existente entre la celebrada Infiltrados de Martin Scorsese y su modelo Infernal Affairs de Andrew Lau y Alan Mak. Es fácil responder qué se perdía en la traducción: todo lo interesante. O sea, la precisión, la concentración, el sentido y, sobre todo, esa manera de narrar que no subestimaba en ningún momento al espectador, entendido como sujeto activo capaz de descifrar las micro-cápsulas de información contenidas en un veloz desfile de imágenes.
Como la mayoría de conversos, un servidor descubrió Hong Kong en el boom de los 80: cuando los coscorrones de tequila de Chow Yun Fat, las imágenes ralentizadas de John Woo y las pirotecnias estilísticas de Tsui Hark ponían en evidencia que Hollywood llevaba tiempo sin poner en cuestión las formas, fórmulas y modos del cine espectáculo. Con el tiempo, Hollywood se convirtió en el cementerio de los elefantes de esa edad de oro: allí donde el genio hongkonés iba a morir en los páramos del efectismo domesticado y neutralizado. Por suerte, había mucho por descubrir: tanto detrás como delante. Fue el momento de descubrir de dónde venía todo, recuperando el legado de la Shaw Brothers, y de entregarse a lo que deparaba un futuro que sigue cargado de incógnitas.
Jordi Costa