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D-cinema
En 1958, con la aparición del famoso magnetófono Nagra, mucho más manejable y portátil que los equipos de sonido de esa época, se produjo un cambio sustancial en el cine, la posibilidad de salir a la calle con un equipo muy reducido y grabar sonido directo sincronizado con la imagen. Gracias a este avance tecnológico, más la utilización de cámaras más pequeñas e insonorizadas, con chasis con mayor duración para hacer tomas más largas y películas con mayor sensibilidad para poder trabajar sin luz artificial, se produjeron algunos de los cambios más importantes de la historia del cine: el direct cinema, el cinema verité, la nouvelle vague, el free cinema, etc, que libraron al cine del peso de la maquinaria industrial que limitaba hasta ese momento las formas narrativas y estéticas. Se produjo un acercamiento a la realidad pero también a la experimentación. En esencia había libertad para descubrir nuevas formas de concebir el cine. La aparición del vídeo digital, que no deja de ser heredero y continuación de todos estos avances técnicos y estéticos, no ha supuesto la aparición de movimientos tan definidos (más allá del fraude de Dogma), sino el surgimiento de individuos que fuera del sistema son capaces de desarrollar todavía con mayor libertad y autonomía su creatividad (ahí está el caso emblemático de Wang Bing o Pedro Costa). La posibilidad, no sólo de grabar barato, sino, especialmente, de montar gracias a un simple ordenador, provoca que el proceso de creación se personalice en todas sus facetas. Estoy hablando de aquellos cineastas que realmente aprovechan los medios que le ofrece el video digital, no aquellas producciones que imitan en todos los sentidos a las del 35mm pero con menor coste. La personalización de la escritura videográfica sería uno de los aspectos más importantes, gracias a la mayor intervención del director en todos los procesos de creación de un filme. También está la posibilidad ensayística que permite el vídeo. El que una idea pueda ser filmada de modo inmediato y sin grandes costos no deja de ser algo revolucionario, aunque pocos cineastas sean capaces de llevarlo a cabo. Poder lograr una imagen útil sin tener que pasar por el proceso habitual de búsqueda de dinero, equipo y preproducción, es un hecho clave. Junto con ello también destaca la posibilidad de un mayor acercamiento a la realidad, documentar el mundo sin intervenirlo demasiado por culpa de un excesivo equipo de rodaje. Una aproximación directa, sin casi cortapisas. Tomar apuntes del mundo gracias a ese ojo “vertoviano” digitalizado.
Daniel V. Villamediana